op. 8 — bulldozer
aunque las relaciones románticas seguían siendo un tabú en corea del sur, el cantante crush, su pareja, había lanzado un nuevo álbum, y aquello no evitó que sooyoung asistiera a la sesión de escucha. sin embargo, el hecho de tener que asistir a escondidas para evitar que algún medio se enterara de ello le quitaba todo romanticismo al gesto.
sooyoung estaba hastiada de esconderse. a veces fantaseaba despierta con que serían como alguna de las parejas de occidente y podrían vivir su romance bajo la luz pública. soñaba que tendría el control y haría que todo pareciera muy fácil.
pero en el fondo, sabía que su situación actual era lo mejor para la carrera de ambos. aunque eso no evitaba que la chica comenzara a sentirse incómoda con cada día que transcurría. anhelaba vivir un noviazgo normal, pasear con su pareja y apoyarlo cuando el momento lo ameritara, como esa noche; pero de manera libre.
sin embargo, ahí estaba. en la terraza del club, portando una mascarilla que escondía su rostro para evitar ser reconocida. normalmente era una chica extrovertida, pero unos cuantos minutos allí dentro hicieron que la joven solo pensara en escapar.
no era solo la incomodidad de tener que esconderse siempre, sino también cierta sensación de culpa al estar haciendo algo que, en otro momento, le habría provocado ilusión. pero ahora apenas despertaba interés en ella, inclusive muy en el fondo sentía que sus acciones se basaban en lo que debía hacer, no en un deseo propio. aunque, si sooyoung debía sincerarse, la presencia del otro tampoco ayudaba a borrar aquella sensación de vacío que cargaba consigo a diario.
a veces se preguntaba si su pareja sentiría lo mismo, porque él tampoco parecía querer derribar la barrera que poco a poco se había formado entre ambos. dejó de sorprenderla con pequeños detalles, ya no preguntaba por su día y sooyoung juraba que incluso comenzó a mirarla de otra manera.
y la chica no era tan paciente como parecía.
había sido paciente porque entendía que aquello era lo mejor para ambos. había aceptado los límites impuestos por sus empresas, tener que esconder toda foto juntos y lidiar con el acoso en línea por su cuenta, todo con la esperanza de que las cosas mejorarían. lo que no había previsto era que, mientras esperaba a que las cosas cambiaran, ellos también terminarían haciéndolo.
de pronto, su teléfono se iluminó en varias ocasiones y los mensajes de aquel hombre llenaron la pantalla. habían pasado casi cuarenta minutos desde que salió hacia la terraza y él apenas notó su ausencia. suspiró hondo y supo que algo andaba mal cuando no sintió la necesidad de responderle de inmediato; sería su pequeña chispa de rebeldía, porque tal vez aquel era un día importante, pero hoy se regiría bajo sus propias reglas.
por primera vez, no quería pensar en lo que era mejor para ambos, solo quería hacer lo que ella quería sin temor a lo que pensaran los demás.
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